lunes, septiembre 15, 2014

Cambiando la bombilla...


Siempre me pareció curioso esas entrevistas en las que los famosos que alcanzan cierta madurez hacen balance de sus vidas y llegan a la conclusión de que en realidad, cuando son más felices, es cuando alcanzan ciertas edades (cincuenta, sesenta...). Uno da por sentado que la juventud es sinónimo de felicidad, uno se cree que con 30 años se conoce ya el mundo y que no hay nada superable a esa sensación. Por suerte las cosas no funcionan así. A parte de que cada persona tiene su propio ritmo de madurez (muy en gran parte por las experiencias vividas), a lo largo de la vida se van sucediendo pequeños saltitos, pequeños cambios que se dan a veces casi de un día para otro, y cuando te das cuenta estás con un pensamiento casi opuesto al que tenías la semana pasada.

Cuando eso sucede a veces te sientes un poco como un idiota. Es como si algo de pronto en tu cabeza hiciese "click" (o "clack", no lo sé) y se te iluminase la bombilla, pero con un color diferente. La bombilla puede ser roja, azul o verde, eso da lo mismo, lo importante es que da una luz diferente a la anterior.

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